he entendido que no vine al mundo para hacer amistades. los hombres sanguinarios se rodean de psiquiatras consejeros y de cómplices secuaces que los adulan. a costa de mi sangre obtuve la dádiva de la soledad, y en pleno encuentro, prometeo golpeó mi cabeza con el incendiario cántaro de la locura. cuando muera querré que entreguen a las carroñeras mis despojos; satisfechas levarán muy alto. quizás ése sea mi momento más cercano al cielo…