Resumen | Baudelaire no ignoraba la potencia de las imágenes y, como Raffaello, dedicó su vida entera a fabricarlas, a veces con palabras, a veces con pinceles y colores. Muy pronto, al menos desde 1846, sus amigos se dedicaron a coleccionarlas. A la muerte del poeta, Poulet-Malassis, su editor, recogió en un cuaderno todos los dibujos en los que Baudelaire se retrató a sí mismo.
Esta edición recoge la totalidad de los dibujos de Baudelaire, tanto los que publicó Gallimard, como los de la dispersa colección de Godoy. |