Por -Un viaje nada sentimental- desfilan personas, algunas de ellas célebres, y se describen situaciones y paisajes que Drach conoció en sus difíciles años en el sur de Francia, durante la Segunda Guerra Mundial. No conviene, sin embargo, empecinarse en el carácter autobiográfico de esta obra. Quien escribe en primera persona y en presente esta -crónica- es un cadáver. El narrador insiste en más de una ocasión en que ha muerto. Más que un escrito autobiográfico, es la interpretación de una vida marcada por la experiencia del exterminio de la población judía europea, algo que solo puede realizarse desde la muerte.
Albert Drach (Viena 1902-Mödling 1995) no solo se dedicó a la escritura, sino que ejerció también de abogado. Heredó el bufete de su padre en Mödling, una pequeña ciudad situada al sur de Viena. Tras la anexión de Austria por parte de la Al...