Resumen | alguien comienza su rutina en las mañanas, lleva la clase preparada, la paciencia alerta. al llegar la tarde, parece que hubiera sido un día común, la tarea de enseñar cumplida, miles de obligaciones que se acumulan en la carpeta que lleva bajo el brazo.
no es consciente, sin embargo, de que una sonrisa suya, una palabra amable, un pensamiento genial, un desafío o un dato inusitado, le transformó la vida a uno de sus estudiantes; alguien que atendió a su clase y que sintió, por un momento, que no todo era tan duro, que había bondad en la gente, que vivir tenía sentido.
todos hemos tenido un maestro, hombre o mujer, que nos dejó una impresión indeleble. todos fuimos salvados y marcados de alguna manera por la palabra, los gestos y el trato de quien, en un aula de clase o fuera de ella, nos entregó lo mejor que podía, la posibilidad de la pregunta, la magia de los descubrimientos, y la alegría de compartir la pasión por el conocimiento y la bendita curiosidad.
alguien nos dijo alguna vez que éramos buenos para los números o para las letras, para las ciencias o para las artes. alguien nos permitió entendernos y tratar de entender la confusión que nos plantea la vida. |