La figura del hombre libre es la encarnación del disidente político, que, en el ideal libertario de Thoreau, es el ejemplo de la lucha digna de los seres humanos frente a la maquinaria del Estado que sólo puede detenerse cuando se eleva la protesta y la actitud de la desobediencia civil. No se trata, como ya lo señala el filósofo, de caer en la violencia ciega y destructora, sino de enfrentar el poder y transformarlo a partir de la toma de conciencia sobre sus supuestos y objetivos. José Olimpo Suárez Molano