Resumen | El 12 de mayo de 1951 cerca de un millar de hombres desfilaron en la Plaza de Bolívar de Bogotá, prestos a dirigirse a la península de Corea, donde se disputaba una guerra que involucraba los intereses de las grandes potencias mundiales. Tres años después regresaron a Colombia. La mayoría eran soldados rasos, y no sabían qué vendría después para ellos. La forma en que se relató la participación de Colombia en ese conflicto permite comprender cómo una sociedad produce la historia y también descubrir las estrategias narrativas de estos sectores subalternos que les permiten dejar de ser simples objetos de la historia para convertirse en sujetos activos de ella. |