Resumen | Héctor Abad le habla a usted, lector, y le cuenta detalles que nunca ha contado antes, y lo hace con la ilusión maravillosa de compartir secretos y confesar culpas y pedir compañía en la indignación y en el lamento, y la lectura se convierte entonces en un ejercicio de complicidad tan intenso que sólo así se entiende la respuesta sin precedentes de los lectores. Quizás haya otra manera de decirlo: sobre la felicidad efímera, vulnerable y constantemente amenazada, y sobre nuestros esfuerzos por protegerla y acaso por conservarla. |