Resumen | Vi al pálido estudiante de artes profanas arrodillado junto a lo que había ensamblado. Vi el horrible fantasma de un hombre tendido, que luego, al accionar un potente motor, daba señales de vida y se movía con un movimiento inquieto, casi vital.
Las historias de fantasmas de una tarde de verano, el insomnio solitario en una habitación alpina iluminada por la luna y una imaginación desbocada —alimentada por discusiones filosóficas con Lord Byron y Percy Bysshe Shelley sobre ciencia, galvanismo y el origen de la vida— conspiraron para producir para Mary Shelley este inquietante espectro nocturno. Por la mañana, se había convertido en el germen de su obra maestra romántica, Frankenstein.
Escrita en 1816, cuando solo tenía diecinueve años, la novela de Mary Shelley, «El moderno Prometeo», dramatizaba de forma escalofriante el peligroso potencial de la vida engendrada en una mesa de laboratorio. Frankenstein, un mito de la creación aterrador para nuestro tiempo, sigue siendo una de las mayores historias de terror jamás escritas y un clásico indiscutible en su género. |