Resumen | Para acoger en alguna medida un título como éste no sólo habría que acostumbrarse al titubeo entre voz activa y pasiva, acoger y ser acogido, amoldarse por ende al espacio y al lapso de un forzamiento de la sensatez comunicativa, ajeno al contraste de fuerza y desmayo, victoria y derrota, inmunidad y contaminación… tocaría también despedirse de toda costumbre hostil a la excepción renunciando a la quietud del molde, en la inminencia de un suceso sin soporte ni antecedente, a la altura y a la bajeza de los dibujos de Antonin Artaud y de la escritura de quien interroga el alcance de semejantes exorcismos sin complacerse en la monstruosidad visionaria. |