Existe una brecha significativa entre la acepción jurídica y el uso cotidiano del término discriminación. En el lenguaje diario, esta noción alude a prácticas de estereotipación discursiva –frecuentes y evidentes en los medios de comunicación y en el habla– y al trato diferencial percibido en numerosas instancias de interacción social, ya sea en espacios públicos o privados. En la definición positiva de la Ley Antidiscriminatoria, discriminar significa impedir, obstruir, restringir o de algún modo menoscabar, arbitrariamente, el pleno ejercicio sobre bases igualitarias de los derechos y garantías fundamentales reconocidos en la Constitución Nacional.