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CAFE FILOSOFICO ROBERTO PALACIOS

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CURSO UN CAFE FILOSOFICO ROBERTO PALACIOS 1 SESION
Dice el dicho, que en día trece ni te cases ni te embarques. Y en efecto, el tema del Café Filosófico este jueves es de miedo: El terrorismo contemporáneo y su fiel escudero el fanatismo. Se trata de un tema que se nos había quedado en el tintero la sesión pasada, pero que a petición de los asistentes abordaremos. ¿Cómo llegamos a ver aparecer estos fenómenos de nuevo luego de la lucha exitosa que la Ilustración libró contra ellos? ¿Cómo podemos definir al fanático contemporáneo? ¿Por qué nuestra época es una de fundamentalismos?¿Cómo llega el fanatismo a convertirse en terrorismo? Rousseau y Freud tendrán mucho que decirnos al respecto. Los esperamos a todos.

Roberto

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    Características

    PresentaciónDEL SISTEMA - PRESENTACIONES
    ResumenLo más terriblemente ominoso de la depresión es la forma en que nos expone al vacío. Sé que es el tipo
    de frase que uno esperaría oír de un filósofo. Pero es la forma en que me formulo el asunto; lo más
    insidioso y destructivo de la depresión es que hace patente un hueco, la pura y simple nada; carencias
    de emociones, de perspectiva, de la pequeña alegría que procuran las cosas. La depresión mina el deseo de
    vivir y ni siquiera lo hace refutándolo, lo hace dejando ese deseo vital en el olvido, como si nunca hubiera
    estado allí, como si las cosas y el mundo siempre hubieran carecido de estructura. La depresión se asemeja

    mucho al proceso de desvanecimiento de un recuerdo atesorado y por eso las condiciones en las que per-
    demos la memoria, como el mal de Alzheimer, nos llegan a la par con bajonazos anímicos. La depresión es

    un olvido en el que nos queda la sombra de lo olvidado. En poco, es sentir nada y si nos sumerge en el mal-
    estar, es sólo porque reaccionamos ante esa anestesia que sentimos (o mejor, ya no sentimos) por el mundo

    pensando que esa forma de ser ya no se parece a nosotros: “Pero si yo no era así, yo sentía intensamente...”
    La depresión toma la forma de un desconocimiento propio, de una brutal redefinición de la perspectiva más
    básica que hay: qué es el mundo y qué hago yo en él.
    Esta condición no se me parece a la tristeza. Yo no las siento igual. Tristeza es lo que vende el cine cuando
    se despide un amante o muere un niño. La tristeza tiene consecuencias, por lo general previsibles, aunque
    a veces inevitables; la vida solitaria, el abandono, el tiempo, la distancia. Lo que distingue la tristeza de la
    depresión es que en la tristeza hay vida justamente porque hay tragedia. El hecho de que nos duela una
    ruptura es un indicador absurdo y lacónico, pero infalible, de que no estamos anestesiados ante el mundo.
    Y puede ser en algunos casos un sentimiento que queremos despertar, como la buscada nostalgia de los
    boleros. Woody Allen en sus memorias lo resumía magistralmente cuando decía que en el barrio en el que
    creció había pocos suicidios; la gente simplemente andaba demasiado triste.
    La depresión, en cambio se asemeja a una infección viral, en la cual nos va carcomiendo un agente que ni

    siquiera está vivo. Uno no se puede curar -al menos no fácilmente- de una infección con lo inerte. Sim-
    plemente no hay manera de matar a los causantes. El deprimido, lejos del llanto liberador que reafirma el

    sentimiento de estar vivo, suele no derramar una lágrima. El gran ausente en la depresión es el deprimido
    mismo.

    Sea parte de esta y otras reflexiones de Roberto Palacio en el Café Filosófico, una conversación
    semanal sobre las preguntas que no nos estamos haciendo, todos los jueves a las 6:30 pm en la
    sede 93 de Librería Lerner
    Valor de cada sesión es de $20.000.

    Especificaciones

    ISBNSV423550
    EditorialDEL SISTEMA-EDITORIAL

    Resumen del libro

    detalles

    SV423550

    Conoce al autor

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