Desde la caída del régimen nazi que tanto luchó por defender, repite una y otra vez la misma frase: «El crimen del soldado es la derrota.» Su hija, en cambio, cree que hay crímenes injustifi cables, como los de su padre. En Ischia, donde su padre la lleva cada año de vacaciones de verano, un muchacho sordomudo le enseña a flotar sobre el agua. Durante toda su vida, éste es el único signo de ligereza que conocerá. Ser hija de un criminal de guerra es vivir atrapada bajo el peso de una roca.
Nació en Nápoles en 1950. A los dieciocho años participó en el movimiento del 68 y posteriormente fue miembro del grupo Lotta Continua. Ha trabajado como albañil y camionero, y durante la guerra de los Balcanes fue conductor de vehículos de...