Es indudable que a partir de la institución de los primeros dispositivos grupales, mucho se ha escrito sobre grupos. Puede observarse que a lo largo de los últimos cincuenta años se implementaron formas de trabajo muy diversas que incluyen abordajes colectivos entre sus recursos tecnológicos: capacitación de personal de empresas, modernas pedagogías, programación de actividades creativas, gestión de participación
social, implementación de políticas de salud, proyectos de investigación-acción, educación sexual, investigaciones participativas, intervenciones comunitarias, etcétera. Los campos de aplicación que llegaron a instituirse en este terreno hubieran sido francamente impensables en décadas anteriores. El campo de la clínica no quedó por fuera de este fenómeno; con notable celeridad se multiplicaron diferentes dispositivos de pequeño grupo con fines psicoterapéuticos, apoyados -con mayor o menor fortuna- en distintos referentes teóricos.